
¿Que creo yo de la soledad?, que tiene mucho valor. En el post anterior me dedique a hablar bien de la muerte, por supuesto que a nadie le gusta la muerte ni morir (ni a mi), pero yo expliqué que a pesar de todo esta tiene mucho de lo que podemos aprender.
Con la soledad pasa lo mismo. Hay diversas causas por las cuales uno puede estar ó sentirse solo. Si uno está solo porque es un ser horrible con los demás, agresivo, alevoso, intolerante, insoportable, manipulador, alarmista, etc. Ya es un tema que uno tiene que arreglar si quiere volver a estar acompañado (habrá que hacer terapia si es que se puede y si es que se quiere arreglar la situación).
Pero también existe una soledad de la que todos generamente somos víctimas, lógico que algunos más y otros menos. Me refiero a cuando nos sentimos solos porque no encajamos en determinado grupo de personas, nos sentimos sapo de otro pozo en el trabajo, en la familia, nos sentimos desplazados por tener una concepción de las cosas distinta a los demas, y preferimos estar solos que mal acompañados.
Bueno yo creo que esa soledad no es mala. Es buena la soledad cuando es producto del discernimiento que uno tiene, cuando es producto de una elección, de elegir con quien estar, con quien hacer tal ó cual cosa. Y muchas veces justamente por elegir podemos sentir que nos quedamos solos, que somos distintos e incompatibles con los demas, pero yo dudo que así sea, mas bien creo que probablemente si en un entorno de personas nos sentimos solos, es porque es hora de cambiar de entorno, de probar distintos lugares, nuevas personas, nuevos grupos, y mientras cambiamos nuestro entorno y descubrimos que hay muchisima gente como nosotros… bueno, lo que queda es la soledad, y hay que disfrutarla tambien.
Yo defiendo a la soledad porque esta (mientras está) nos expone a lo mejor y lo peor que tenemos, nos hace convivir directamente con lo que nos aburre de nosotros mismos y descubrir a la vez que es lo que nos divierte y nos entretiene.
Un soltero por ser soltero no es una persona más aburrida y menos acompañada que un casado ó en compromiso. Hay casados aburridos, sufridos y obstinados que se sienten solos, como hay solteros felices, relajados que disfrutan de todo lo que hacen y nunca les falta con quien estar.
No propongo a la soledad como un modo de vida, solo digo que no es tan trágica como se suele concebir, hay que tener agallas para bancarse el bajon de la soledad y aprender lo bueno de esta. No es para cualquiera. De modo que mucha gente con tal de no estar “sola” es capaz de pasar su tiempo con cualquiera, por menos que soporte a esa persona.
Con la soledad pasa lo mismo. Hay diversas causas por las cuales uno puede estar ó sentirse solo. Si uno está solo porque es un ser horrible con los demás, agresivo, alevoso, intolerante, insoportable, manipulador, alarmista, etc. Ya es un tema que uno tiene que arreglar si quiere volver a estar acompañado (habrá que hacer terapia si es que se puede y si es que se quiere arreglar la situación).
Pero también existe una soledad de la que todos generamente somos víctimas, lógico que algunos más y otros menos. Me refiero a cuando nos sentimos solos porque no encajamos en determinado grupo de personas, nos sentimos sapo de otro pozo en el trabajo, en la familia, nos sentimos desplazados por tener una concepción de las cosas distinta a los demas, y preferimos estar solos que mal acompañados.
Bueno yo creo que esa soledad no es mala. Es buena la soledad cuando es producto del discernimiento que uno tiene, cuando es producto de una elección, de elegir con quien estar, con quien hacer tal ó cual cosa. Y muchas veces justamente por elegir podemos sentir que nos quedamos solos, que somos distintos e incompatibles con los demas, pero yo dudo que así sea, mas bien creo que probablemente si en un entorno de personas nos sentimos solos, es porque es hora de cambiar de entorno, de probar distintos lugares, nuevas personas, nuevos grupos, y mientras cambiamos nuestro entorno y descubrimos que hay muchisima gente como nosotros… bueno, lo que queda es la soledad, y hay que disfrutarla tambien.
Yo defiendo a la soledad porque esta (mientras está) nos expone a lo mejor y lo peor que tenemos, nos hace convivir directamente con lo que nos aburre de nosotros mismos y descubrir a la vez que es lo que nos divierte y nos entretiene.
Un soltero por ser soltero no es una persona más aburrida y menos acompañada que un casado ó en compromiso. Hay casados aburridos, sufridos y obstinados que se sienten solos, como hay solteros felices, relajados que disfrutan de todo lo que hacen y nunca les falta con quien estar.
No propongo a la soledad como un modo de vida, solo digo que no es tan trágica como se suele concebir, hay que tener agallas para bancarse el bajon de la soledad y aprender lo bueno de esta. No es para cualquiera. De modo que mucha gente con tal de no estar “sola” es capaz de pasar su tiempo con cualquiera, por menos que soporte a esa persona.
3 comentarios:
Así es: la soledad, cuando es elegida, puede ser una bendición.
Hay que aprender a estar solo para conocerse bien antes de elegir compañía.
Estar con alguien no equivale necesariamente a empatizar.
Y no es posible disfutar de la compañía de alguien que nada comparte con uno.
Totalmente de acuerdo. En mi caso, dependo de ambas. Me volvería loco estando sólo todo el tiempo, aunque tambien necesito momentos para no estar con nadie. Ni siquiera con mi novia.
No siempre me voy a sentir sapo de otro pozo con personas diferentes. Incluso con gente distinta a mí en muchos aspectos, puedo encontrar cosas en común y nuestra relación puede ser excelente.
Existen dos tipos de soledad: la que uno elige (bienvenida sea, mientras sea ocasional o temporaria), y la que nos imponen los demas, por diversos motivos(incomprension, discriminacion, envidia), que en su negatividad nos permite de todos modos madurar, como cada vez que nos enfrentamos a la adversidad.
De todos modos, no coincido en que la soledad, cuando es elegida, puede ser una bendicion. Puede ser buena, util, positiva etc. Pero la verdadera bendicion es cuando podemos compartir con otro(s) nuestros momentos.
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