lunes, 30 de marzo de 2009

Hacelo por mi


Este post está dedicado a aquellas personas que se dicen no ser capaces de hacer ciertas cosas.
Es y fue siempre muy habitual para mí cruzarme en la vida con personas que admitan no estar capacitadas para hacer algo. Por ejemplo los que dicen no estar capacitados para trabajar, para llevar un noviazgo, para dejar de hacer determinada actividad que les hace mal. Eso sería entre las cosas más frecuentes, pero gente que se da por vencida, que no quiere hacer lo que quiere, que no tiene el poder de enfrentarse a la vida y sus conflictos, hay muchísima.
Y el resto de las personas, las que supuestamente si pueden solucionar sus problemas y no temen a nada, habitualmente sienten la responsabilidad de ayudar al otro. Destaco esta palabra “responsabilidad” y no digo ganas de ayudar, porque suelo verlo de esta manera, explicaré más a continuación.
Hoy voy a citar un ejemplo que me va a permitir más claridad en este tema, “la pobreza”. Cuando se habla de la pobreza en una sociedad, en un grupo de personas, se la ve como una situación a la que se llega por algún mal externo, y que de esta no hay salida sin la ayuda de la sociedad, de todos los demás que no son pobres. Esta visión pertenece tanto a las personas que viven en la pobreza como a las que no.
De la pobreza derivan un montón de problemas (creemos), entre ellos el gran problema que no se suele interpretar bien a los chorros y a los asesinos que son pobres. Se suele pensar que hacen lo que hacen por su situación, y por eso lo que necesitan es nuestra ayuda. Mas claramente, una persona es pobre, sale a robar, no sabe usar el arma y mata a ese al que le robó. Y “la culpa la tenemos todos” por permitir que la pobreza exista. Me parece una idea tenebrosa, horrible pero real.
¿Y entonces los cartoneros?, que estando en una situación de pobreza salen todos los días a romperse el culo laburando para ganar lo suficiente para subsistir. Y no reclaman todo el tiempo la ayuda de los demás, y por no recibirla no acribillan a balazos a un tipo con guita.
Esto es porque cuando pensamos en los males que sufre el otro, estamos acostumbrados a creer que nosotros podemos solucionarlos siempre, y eso es un error.
Podemos ayudar, escuchar, animar al otro, darle consejos, estimular su capacidad, su creatividad, pero bajo ningún punto de vista podemos hacer las cosas que el otro no puede.
No poder no existe, existe no querer, las responsabilidades en la vida son muy fuertes y son caóticas, hay quien esta dispuesto a lidiar con estas, y quien prefiere sentarse a echar culpas a la sociedad, a la vida, a los padres, a los hijos, a quien pase cerca, con tal de sentirse aliviado de su inutilidad.
Para aquel que no se enfrenta a un problema es muy placentero manifestarse como inútil e incapaz, porque de esta manera genera en los demás (en algunos) las ganas de ayudarlo y así puede descansar cruzado de brazos. Pero es un camino corto, porque la vida no puede depender de lo que me resuelvan, sino de lo que yo me gane por mi esfuerzo (sobre todo en la adultez), todo lo demás que hagan los otros por mi son accesorios que puedo valorar o no, pero que no lograrán hacer las cosas para las que yo no estoy preparado.

2 comentarios:

Mariana y Marcelo dijo...

El famoso juego de suma cero aplicado a toda la sociedad: si a uno le va mal es porque a otro le va bien, y viceversa. De este verso viven los políticos, y seguirán haciéndolo mientras la gente crea que el mercado es un injusto juego de suma cero.

Martín Benegas dijo...

Bueno esta culpa del capaz que se siente compelido a ayudar al incapaz es la deformación de los valores morales que Ayn Rand denuncia magistralemente en Atlas Shrugged.